Parte semanal del estado del circuito

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jueves, 14 de diciembre de 2017

Paseo circular desde Ansó. Sulibarra-Cerro Capité-Cerro Santa Cruz

El martes 12 de diciembre, tras dos días de lluvia, viento, granizo y nieve, salió despejado en Ansó. Después de varios intentos, en días pasados, de probar a esquiar por la zona y acumular algún que otro fracaso no me fié y decidí dar un paseo andando.




Cogí el camino hacia el Vedau de Ansó, en principio por el GR que une Ansó y Hecho. Poco después y a la altura de una pequeña construcción en un campo, dejé el GR y cogí el desvío hacia Sulibarra.




El camino a Sulibarra es majísimo, aunque poco a poco se va deteriorando por el poco uso. No está señalizado y tampoco se tiene en cuenta para su posible limpieza y eso que algunas asociaciones ya lo solicitamos en su día. No es lo malo el desconocimiento de las personas que hacen las propuestas oficiales, porque siempre se pueden conocer las necesidades, sino el desinterés en conocerlas. El resultado de esas propuestas oficiales, para el trabajo de un año, realizadas en 15 minutos tomando un café es lo que tiene.




Por suerte, en Ansó las necesidades no son solo turísticas o de ocio. Sectores como el ganadero también se ven beneficiados por el mantenimiento de todos estos caminos. Pero por desgracia la nefasta gestión afecta a todos los sectores, incluido el patrimonial.




Pese a todas estas trabas, lo más importante es seguir disfrutando por el monte. Cierto es, que una misma zona, cada día es diferente en la naturaleza. En la mañana de este paseo un buen fotógrafo hubiera terminado con algún tipo de contractura en su dedo índice de tanto tirar fotos y seguramente todas hubieran tenido resultados de premio porque lo que allí se veía era espectacular.




Resultaba interesante ver en la mañana fría, y conforme el sol iba entrando en los solanos, como cambiaba el paisaje por momentos. La fina capa de nieve fría y seca se transformaba rápidamente y después desaparecía allá donde los rayos de sol incidían, dejándola intacta y suelta allá donde el tímido sol de diciembre no podía entrar.




El deterioro de las casetas dejan a la luz los misterios de la vieja construcción de los tejados de losas de piedra colocadas sobre un entramado de palos y tascones de barro.




Desde la caseta más alta de Sulibarra al empalme con el camino del Cerro de Capité, y aunque la traza puede resultar un poco confusa al principio, se puede dar uno cuenta de lo cómodos que resultan los trazados de los caminos antiguos. Con una pendiente mantenida y suave te lleva al empalme como si nada.




El descenso hacia Ansó, ya por camino limpio, lo realicé cómodamente y disfrutando de las vistas más amplias hacia el resto del valle. Viendo animado que en las cotas más altas la capa de nieve va aumentando poco a poco.




Realmente es una gozada tener todo esto desde la puerta de casa y poder disfrutarlo cada día y cada vez de diferente manera.